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Sucesos insólitos en el corazón de África - África profunda - Información alternativa - Narraciones románticas - Ideas - Pensamientos - Opiniones - Punto de vista El Muni - Las Américas - Amistades - Derechos Humanos - La Mujer ayer y hoy  - Política - Sociedad - Religión - El ser humano -  Mundo cosmopolita - Salud - Educación - Ciencia - La Historia - Música - Lucha por las libertades -... [Busque su tema seleccionado con la lupa, en las etiquetas, en archivos, en las páginas (según año y mes de publicación)]

El Muni

Sucesos insólitos en el corazón de África - África profunda - Información alternativa - Narraciones románticas - Ideas - Pensamientos - Opiniones - Punto de vista El Muni - Las Américas - Amistades - Derechos Humanos - La Mujer ayer y hoy - Política - Sociedad - Religión - El ser humano - Mundo cosmopolita - Salud - Educación - Ciencia - La Historia - Música - Lucha por las libertades -... [Busque su tema seleccionado con la lupa, en las etiquetas, en archivos, en las páginas (según año y mes de publicación)]

Los pobres acogen a pobres: la solidaridad y la hospitalidad africanas no son un mito; quienes no tienen ni remota idea de esos valores africanos son los gobiernos dictatoriales que asolan el continente.

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"Son seres humanos, y han sufrido la guerra: ¡cómo vamos a dejarlos tirados! A nosotros también nos puede pasar", exclama Koubra, madre de ocho hijos, el más pequeño de nueve meses.

Imágenes del campo de refugiados de Sido en Tchad: pobres acogiendo a pobres.- El Muni.
Imágenes del campo de refugiados de Sido en Tchad: pobres acogiendo a pobres.- El Muni.
Imágenes del campo de refugiados de Sido en Tchad: pobres acogiendo a pobres.- El Muni.
Imágenes del campo de refugiados de Sido en Tchad: pobres acogiendo a pobres.- El Muni.
Imágenes del campo de refugiados de Sido en Tchad: pobres acogiendo a pobres.- El Muni.
Imágenes del campo de refugiados de Sido en Tchad: pobres acogiendo a pobres.- El Muni.

Imágenes del campo de refugiados de Sido en Tchad: pobres acogiendo a pobres.- El Muni.

Tchad, un país donde la mitad de la población sobrevive con un euro al día, da la bienvenida a los refugiados que llegan de los vecinos Sudán, Nigeria y de la República Centroafricana (RCA).

 

 

Actualmente, Tchad acoge a un total de 638.000 personas que han tenido que huir de sus pueblos, al otro lado de sus fronteras, por los combates.

 

Sólo en la zona de Sido, unas 4.000 familias albergan en sus casas a más de 18.000 desplazados de RCA, donde en marzo de 2013 volvió a estallar la violencia cuando los rebeldes Seleka, en su mayoría musulmanes, se hicieron con el poder desatando las represalias de las milicias cristianas anti-Balaka.

 

Bajo un enorme árbol de mango, un grupo de mujeres se protege del penetrante sol tchadiano. Los bebés maman plácidamente ajenos al periplo que protagonizaron sus madres para salvar la vida.

 

La anfitriona es Koubra Senoussi, de 34 años, quien junto con su marido, Yacoub Hassaballah, de 45, comparte su casa con cerca de una treintena de refugiados centroafricanos, casi todos mujeres y niños.

 

"Son seres humanos, y han sufrido la guerra: ¡cómo vamos a dejarlos tirados! A nosotros también nos puede pasar", exclama Koubra, madre de ocho hijos, el más pequeño de nueve meses.

 

Los vecinos de Sido (localidad integrada en la prefectura de Gran Sido, de 120.000 habitantes), a sólo un kilómetro de RCA, asumen como algo normal ayudar a los re-fugiados, muchos de los cuales son retornados, es decir, hijos, nietos, bisnietos, de tchadianos que emigraron a RCA.

 

"Hace cosa de año y medio fui al hospital y allí topé con la llegada de un convoy del ejército que transportaba a desplazados de RCA. No tenían nada de nada. Me traje a unos 30 a casa, algunos ya se han marchado, han venido otros, pero muchas mujeres siguen con nosotros", relata Koubra, que enseña árabe en la escuela local.

 

Su marido se dedica a la compraventa de cabras y ovejas, cultiva cereales y tiene un huerto para el consumo familiar.

 

"Mi marido estaba en el prado con las vacas, llegaron los anti-Balaka y lo decapitaron. Yo tuve que escapar sola con mis tres hijos", recuerda Risala.

 

A su lado, Hadime, de solo 16 años y con un bebé de pocos meses en brazos, explica que respiró tranquila al ser acogida por Koubra nada más pisar suelo tchadiano.

 

"Al principio la convivencia era difícil. Tanta gente... Ahora nos hemos acostumbrado, cocinamos juntas, intercambiamos ideas, si una va al mercado las otras cuidan de sus hijos.

 

¡Aquí ocho mujeres han dado a luz!", comenta Koubra. El recinto en el que viven cuenta con una construcción principal de barro y tres barracas del mismo material y techo de paja, en las que duermen sus invitados acomodados en esterillas dispuestas sobre un suelo de arena rojiza.

 

El árbol de mango es el punto de reunión. Su sombra es muy codiciada. Allí descansan, amamantan a los pequeños y comentan la evolución de una iniciativa que pusieron en marcha hace unos meses.

 

Cada lunes depositan una pequeña cantidad de dinero en una caja común que cada semana se queda en su totalidad una de ellas para montar un negocio, normalmente de venta de dulces, telas, hortalizas... "Todas luchamos por independizarnos, cuando ahorremos el dinero suficiente construiremos nuestras propias casas", afirma Risala.

 

 

"El Gobierno ha sido muy generoso: ha cedido tierras para habilitar los campos y dio papeles a los retornados que demostraron que su origen familiar estaba en Tchad; pero en enero, y a causa de Boko Haram, inició un control más exhaustivo de los recien llegados", indica Mamadou Cire Diallo, director de Oxfam en este país africano.

 

Esta ong ha emprendido en Sido un programa de apoyo a los retornados de 750.000 euros, aportados por ECHO, el departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea.

 

El proyecto consiste en la rehabilitación de pozos y fuentes para facilitar el acceso de la población al agua potable y el reparto de cupones, por valor de 76 euros, a 1.400 familias de retornados para que puedan comprar semillas y utensilios agrícolas.

 

Oxfam subraya que entre el 20 y el 30 por ciento de los hogares de acogida son pobres, y entre el 30 y el 40 por ciento muy pobres.

 

Fatime Toubaro, de 25 años y madre de cuatro niños, es una de las beneficiarias: "Vivía en la capital, Bangui; pero mataron a mi marido, también a mi padre, y me vine a Sido.

 

Mi hijo pequeño nació aquí. Además de cuidar la cosecha, coso vestidos por encargo, preparo y vendo buñuelos y mi madre, que vive en Francia, me envía dinero de vez en cuando. Aquí, la mayoría somos mujeres, los anti-Balaka asesinaron a nuestros maridos".

 

Toubaro y los otros retornados y refugiados, los que viven en el pueblo y los que están en los cercanos campos de Maingama o de Belom, pueden plantar sorgo, alubias, cacahuetes, maíz... gracias a la solidaridad de la autoridad tradicional.

 

En Tchad, junto a la administración oficial funciona un gobernante ancestral, un cargo que pasa de padres a hijos. Ngllertya Abel Soumbakoma es uno de ellos, es el jefe de uno de los cuatro cantones del departamento de Gran Sido, que ha cedido parcelas a miles de retornados para que puedan construirse algo parecido a una casa y cultivar cereales y hortalizas.

 

"Todos son bien recibidos, pero llegaron con las manos vacías y hemos tenido que compartirlo todo con ellos.

 

Al multiplicarse la población hay más presión sobre los pastos, el agua... y la vida se ha encarecido. El precio del mijo se ha triplicado y el de un pollo se ha duplicado", subraya Soumbakoma, rodeado de un grupo de vecinos que asienten con la cabeza sus palabras.

 

"Yo tengo a cuatro familias de refugiados a mi cargo, les he dejado una vivienda y cuando puedo les doy comida", añade.

 

Uno de ellos es Naldé François, que llegó andando hace unos seis meses con cuatro hijos desde un pueblo a 60 kilómetros de Sido. "Vine para ver cómo estaba la situación y con la intención de regresar a RCA para traer aquí a mi mujer y a otros seis hijos, pero Tchad cerró las fronteras y se han quedado allí", lamenta.

 

La solidaridad se repite en cada casa, el temor es que algún día afloren tensiones. La población local es igual de pobre que los desplazados y los recursos son escasos. Mientras, en Europa regatean quién asume más refugiados.

 

 

Fuentes: msn noticias/lavanguardia

Edición: Bk

 

 

 

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