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El Muni

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Estrasburgo deniega el recurso de José Bretón por infracciones en su juicio.

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José Bretón, condenado a 40 años de prisión por el asesinato de sus dos hijos, Ruth y José, en octubre de 2011 en la capital cordobesa.- El Muni.

José Bretón, condenado a 40 años de prisión por el asesinato de sus dos hijos, Ruth y José, en octubre de 2011 en la capital cordobesa.- El Muni.

Estrasburgo (Francia). 

 

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), con sede en la ciudad francesa de Estrasburgo, ha decidido no admitir a trámite el recurso de la defensa de José Bretón, condenado a 40 años de prisión por el asesinato de sus dos hijos, Ruth y José, en octubre de 2011 en la capital cordobesa, por las supuestas infracciones en el proceso.

Ruth y José, de seis y dos años de edad, asesinados por su propio padre.- El Muni.

Ruth y José, de seis y dos años de edad, asesinados por su propio padre.- El Muni.

 

 

Según informan desde el despacho de la abogada Bárbara Royo, el tribunal europeo no ha argumentado "ningún motivo" para fundamentar su decisión de no admitir a trámite el recurso, de manera que lamentan que no puedan quejarse ante la contestación que ofrece el órgano judicial.

 

Además, desde el despacho han comentado que no tienen previsto formalizar ningún recurso más sobre la sentencia que condenó a Bretón, tras presentar el recurso en cuestión en el mes de abril de este año, después de que el Tribunal Constitucional (TC) español decidió no admitir su recurso de amparo, tras la sentencia del Tribunal Supremo (TS) de julio de 2014 que confirmó la condena impuesta por la Audiencia Provincial de Córdoba, que también ratificó el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA).

 

En concreto, en el recurso se denunciaban "las infracciones" referidas a "la vulneración del proceso equitativo por infracción del juez imparcial, de la presunción de inocencia y de la inviolabilidad del domicilio".

 

Igualmente, se solicitaba que "se condene a España por la vulneración sistemática y automática por parte del Tribunal Constitucional del derecho de todos los españoles 'de a pie, ajenos a la política y a la corrupción' a recurrir en amparo".

 

Cabe recordar que el Tribunal Constitucional decidió no admitir a trámite el recurso de Bretón y que no entró a resolver. La defensa lo presentó por "la vulneración del derecho fundamental a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva sin indefensión, a un proceso con todas las garantías, al juez imparcial y a la legalidad penal".

 

Un límite máximo en 25 años
Mientras tanto, José Bretón se encuentra interno en el Centro Penitenciario de Villena (Alicante), a la espera de resolverse una petición de traslado a la cárcel de Córdoba, y permanecerá en prisión 25 años como límite máximo de cumplimiento de condena, tras fijarlo la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Córdoba, después de que la defensa solicitó dicho límite y la Fiscalía informó acorde a ello.

 

Bretón fue condenado en julio de 2013 por la Audiencia Provincial como autor de dos delitos de asesinato a las penas de 20 años de cárcel por cada uno de dichos delitos. También fue condenado como autor de un delito de simulación de delito a la pena de nueve meses de multa a razón de diez euros diarios, tras el asesinato de sus hijos, Ruth y José, de seis y dos años de edad.

 
 
 

 

 

Estrasburgo deniega el recurso de José Bretón por infracciones en su juicio.
Hecho por el Instituto de Toxicología.- El Muni.

Hecho por el Instituto de Toxicología.- El Muni.

El cuarto informe también revela que los huesos de Las Quemadillas son humanos.

Los expertos coinciden con el análisis de los otros dos informes encargados por la familia de la madre de los niños Ruth y Jose.


El informe del Instituto Nacional de Toxicología y de la Universidad Complutense de Madrid ha revelado que los huesos hallados en la finca de Las Quemadillas (Córdoba) son humanos.

 

Se trata del cuarto informe que se realiza sobre los restos hallados en la ficha donde José Bretón, padre de los niños desaparecidos Ruth y José, encendió una hoguera el pasado ocho octubre.

De esta forma, los expertos del Instituto Nacional de Toxicología y de la Universidad Complutense de Madrid coinciden con el análisis de los otros dos informes encargados por la familia materna, que apuntaban que los restos eran humano, contradiciendo el primer informe realizado por una técnico de la Policía Científica en noviembre de 2011.

Estrasburgo deniega el recurso de José Bretón por infracciones en su juicio.

Fuentes del Ministerio de Justicia explicaron que el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses podría comparar el AND de los restos hallados en la hoguera de la finca cordobesa de Las Quemadillas con el de los niños Ruth y José. Ha sido el Servicio de Biología de esta institución de referencia en la materia quienes han estudiado estos días la viabilidad de llevar a cabo esta prueba.

Este trabajo ha contado con una dificultad añadida debido a que, como señalaban los informes realizados hasta la fecha, los restos fueron extraídos de una hoguera en la que se aplicó una plancha metálica que elevó la temperatura de las llamas a entre 650 y 800 grados. A esa temperatura es difícil conservar muestras de AND.

En cualquier caso, antes de abordar el estudio biológico, fue preciso que el Servicio de Criminalística del citado Instituto –situado en la localidad madrileña de Majadahonda– finalizara un nuevo análisis antropológico de estos restos que fue solicitado por el juez de instrucción número 4 de Córdoba.

Se trata de la cuarta vez que se procede a un análisis de este tipo en el marco de casi un año de investigación. Hasta ahora el juez cuenta con un primer estudio elaborado por la Comisaría General de la Policía Científica en el que se determinaba que los restos eran de animales y otros dos elaborados por expertos independientes que coinciden en que los restos corresponden a niños.

Para solventar estas contradicciones el magistrado ha ordenado las nuevas diligencias que se han realizado en el Instituto Nacional de Toxicología, a donde se remitieron el martes 28 de agosto las muestras para que fueran analizadas, de cuyos resultados se ha desprendido que los restos hallados son humanos.

Cerco al monstruo.

 

José Bretón es un hombre pulcro, maníaco, ordenado y frío.
No soporta que su mujer quiera separarse. "Fuera soy un mierda, pero en mi casa mando yo".

Trama una respuesta terrible: que no quede ninguna huella de sus dos hijos pequeños
Ruth Ortiz: "Nunca tuvisteis padre".

 

José Bretón no planificó esta vez su propia muerte, sino una venganza. Pero para ser un hombre tan concienzudo volvió a fracasar.

 

Aquella vez, en 1997, tomó varios ansiolíticos y apareció inconsciente en su coche junto a tres bombonas de camping gas. Fue en la finca de Las Quemadillas, el escenario donde Bretón, como le llaman los conocidos, parece desatar los efectos de sus desengaños.

 

En esa propiedad de naranjos prendió una hoguera el sábado 8 de octubre de 2011 donde, según todos los indicios, quiso eliminar todo vestigio de sus hijos Ruth y José, de 6 y 2 años, a quienes cuidaba todos los días.

 

Quiso hacerlos desaparecer para siempre, que la mujer que le había abandonado estuviera destinada a preguntarle durante toda su vida dónde estaban.

 

Aunque estuvo cerca de conseguirlo, fracasó también: sus huesos destrozados quedaron depositados en una dependencia policial, confundidos durante 10 meses como restos de roedores.
 

Bretón es un hombre pulcro, maniático, ordenado. Tiene 39 años. Delgado, de baja estatura. Voz aflautada, casi afeminada. Apunta en papeles notas o ideas que le rondan la cabeza a modo de recordatorio.

 

Sus anotaciones son, sin embargo, desordenadas, lo mismo hace un apunte sobre asuntos de la separación (“me dice que será justa con el piso, si yo soy justo con la ayuda compensatoria”, “puede decir que mi familia pague porque tiene recursos”) que desbroza los sentimientos que le acosan: “Tal vez prefiero hacer daño antes de que me lo hagan”.

 

En sus notas hay frases enigmáticas como “¿sería bueno desprenderme de las cosas que me recuerdan a ella?”. Y alguna tan concluyente como esta: “Soy mala persona”. Bretón reconoce que es especialmente exigente con los niños.

 

Le molesta que tosan, que sorban los mocos, que hagan ruido al comer, que se ensucien las manos. A pesar de que durante año y medio está casi exclusivamente dedicado al cuidado de Ruth y José mientras su mujer trabaja, no se desprende ni en las cartas ni en sus manuscritos ninguna referencia sentimental hacia ellos, ninguna frase sentida hacia sus hijos.

 

En realidad, lo que a Bretón parece atormentarle desde tiempo atrás es que una mujer le engañe o le abandone. De un primer desengaño sobrevino una tentativa de suicidio. De este segundo, la venganza.

Los hechos sucedieron muy rápido y están buena parte de ellos milimétricamente documentados. No se conoce ningún caso de esta repercusión en la historia policial española en el que los movimientos del presunto asesino en los escenarios del crimen estén documentados en horas, minutos y segundos, además de localizados.

 

El espacio y el tiempo son magnitudes que juegan a favor de la investigación policial. Entre el momento en el que la mujer anuncia a Bretón que deja el domicilio conyugal y la desaparición de los hijos transcurren 23 días. El único acuerdo entre ambos es que Bretón podrá tener a los niños en fines de semana alternos.

Estrasburgo deniega el recurso de José Bretón por infracciones en su juicio.

Hay tres fines de semana de por medio. A Bretón le toca estar con los niños el del 8 de octubre, pero tiene la boda de uno de sus mejores amigos. A pesar de que su mujer le ofrece cambiar, Bretón no acepta.

 

Todos sus actos parecen ya planificados. Acude a Huelva el viernes 7 a por los niños, le hace entrega a su mujer de una carta, en la que le pide reanudar la relación, y un ramo de flores. Fiel a sus métodos, encarga a dos personas que, a lo largo de ese día, le entreguen flores a su mujer.

 

La carta pretende ser una súplica: “No me digas que después de tanto tiempo juntos no nos queda un poco de rescoldo a la esperanza, ya me encargaré de avivarlo, tengo la eternidad para hacerlo... qué es lo que nos separa ¿tanta repelencia te produzco?”. Bretón espera una respuesta.

 

Llama en varias ocasiones a su mujer por teléfono, pero no obtiene respuesta. El médico ha recomendado a Ruth que evite conversaciones con su marido. Como Bretón no obtiene respuesta, puso en marcha su plan al día siguiente.

Casi todos sus movimientos del sábado están documentados. Los graban hasta 9 cámaras que hay instaladas en el recorrido que hace (instaladas en un salón de juego, un centro de inserción, una empresa y un parque temático).

 

Su teléfono iPhone, en el que se ha descargado una aplicación llamada Latitude, que permite a los demás saber dónde se encuentra, va ofreciendo datos precisos de su posicionamiento geográfico.

 

A las 13.31, una cámara registra su paso hacia Las Quemadillas con sus hijos en la parte trasera de su Opel Zafira. A las 13.46 ya está en las proximidades de su parcela. A las 13.48 llama a su mujer sin obtener respuesta: la policía piensa que es una última llamada, a partir de la cual desencadena los acontecimientos.

 

Hay que tener en cuenta que desde las 10.46 de la mañana, Bretón tiene su teléfono apagado. Solo lo enciende dos veces: una para llamar a su mujer y otra, a las 16.15, para descargarse música o algún vídeo.

Por tanto, entre las 13.48 y las 17.30 debió de suceder algo siniestro dentro de la finca de Las Quemadillas. Dos horas y 42 minutos que Bretón transcurre con sus hijos, que aún no habían comido ese día. Ha adquirido dos medicamentos (Orfidal y Motiven 20) en una farmacia, que pueden tumbar a cualquiera y cuyas cajas aparecerán vacías.

 

También está comprobado que a las 17.15, dos torres del Infoca (organismo dependiente de Medio Ambiente de Andalucía), detectan un fuego (“una columna de humo potente y densa”, dice su informe): no movilizan a nadie porque no hay riesgo de incendio en los alrededores.

 

Es la hoguera que ya debe prender a máxima intensidad como para ser detectada. Un vecino declararía semanas después haber sentido un olor a quemado extraño, muy diferente al de la madera.

Sale de la parcela en su vehículo a las 17.35. Lo detecta una cámara. A las 17.49 su teléfono genera dato de localización camino del parque de Cruz Conde. A las 17.57 pasa por delante de la Ciudad de los Niños detectado por la cámara 9 de este recinto.

 

A las 18.01 conecta su whatsapp (mensajería telefónica) y le entra un mensaje de su hermano de hace 47 minutos. A las 18.02 lee el mensaje y a las 18.03 contesta. A las 18.05 manda un nuevo mensaje: “Esto está abarrotado de gente, he tenido que aparcar lejos”.

 

Y así cruza cuatro mensajes más. A las 18.08 recibe una llamada de sus padres que dura 137 segundos. Hay más mensajes y llamadas hasta las 18.17 en el que Bretón comunica a su hermano Rafael que no encuentra a los niños. A las 18.39 se produce la llamada a emergencias.

Es decir, han pasado 17 minutos entre que Bretón aparca, supuestamente camina con los niños hacia el parque, responde a mensajes y a llamadas y pierde a los niños. La reconstrucción de los hechos descarta toda posibilidad de que alguien con dos chicos pequeños pueda hacer ese recorrido en ese tiempo.

 

El estudio de las imágenes, realizado por compañías especializadas en el tratamiento digital, concluye que Bretón viajaba solo en el coche: no había nadie en la parte trasera. Durante 10 meses la policía ha realizado una investigación exhaustiva, tenaz, sin reparar en gastos. Ha ido acumulando datos e indicios que conducían todos ellos a José Bretón y a la finca de Las Quemadillas.

 

Han contratado a empresas para horadar cada metro del suelo, han revisado cada pozo del entorno, han enviado buzos al Guadalquivir, han revisado cada palmo de las fincas anexas con perros y aparatos, han preguntado en los 21 establecimientos comerciales que rodean la casa de los padres de Bretón, de donde partió aquel día con los niños. Han mezclado la investigación más clásica a pie de tierra con lo último de la tecnología digital.

 

Y han llegado a la conclusión de que no había un cómplice en el caso y de que Bretón, en su plan, salpicó de pistas falsas su recorrido: unas bolsas de basura en un contenedor, una huella y una sábana a la orilla del Guadalquivir y una hoguera sin sentido en medio de una finca de naranjos.

 

Por si acaso, recogen las muestras de esa hoguera todavía humeante cuando llega la policía la noche del sábado a la finca. El acta de la recogida de huesos, un botón y un trozo de tela se realiza el 10 de octubre.

Bretón es detenido el día 18 de octubre. Tanto el juez como la policía están de acuerdo en que los indicios y su comportamiento frío y desapasionado hacia la pérdida de sus hijos apuntan hacia él sin género de dudas.

 

Están a la espera del informe forense, que llega el 11 de noviembre y es negativo: “Siendo todos los restos estudiados de naturaleza animal y de diferentes tamaños (…) no se ha producido la incineración de ningún cuerpo o resto humano”. El informe es terminante: la policía nunca pone en tela de juicio un análisis de la científica. “Para nosotros es palabra de Dios”, reconoce un alto mando.

La hoguera se convierte así para la policía en una pista falsa más, elaborada por un hombre que se comporta de una forma fría, cada vez más envalentonado según la investigación prosigue sin avances concluyentes. “En la calle soy un mierda, pero en mi casa mando yo”, dice Bretón.

 

Se comporta delante de los policías como un gallito: apenas presta atención al trabajo que realizan. Les cuenta sus presuntas hazañas sexuales con anteriores novias, les cuenta con pelos y señales su experiencia cercana en un burdel de Córdoba con una prostituta rumana.

 

Y habla de su mujer en términos despectivos, cada vez más groseros. No siente pena. Ni dolor alguno. Odia a su mujer y no habla nunca de sus hijos: como si no hubieran existido. Los inspectores y comisarios que tratan con él no encuentran ningún resquicio en Bretón, no se derrota, no cae en ninguna trampa, apenas se contradice.

 

Parece cada vez más orgulloso de provocar tanta atención de la policía. Les quiere invitar a tomar un ágape en la finca. “En el fondo, no tenéis nada contra mí”, les reprochaba.

Su pasado no tenía otros datos llamativos que su pertenencia al ejército durante unos años y su estancia en Bosnia, donde intervino como conductor de ambulancias. Quiso ser guardia civil, pero no dio la talla.

 

En realidad, nunca tuvo una actividad demasiado estable: trabajó como conductor y, sobre todo, ayudó como albañil en la construcción de Las Quemadillas. Trabajó mucho para sus padres en la gestión de su patrimonio: el padre había adquirido varias parcelas en Las Quemadillas, que ha ido vendiendo durante los años de la burbuja.

 

Bretón es un hombre ordenado y pulcro con una vida mediocre. Tuvo un primer desengaño amoroso que le llevó a un intento de suicidio.

 

Sus padres no veían con buenos ojos aquella relación: da mucha importancia a la opinión de sus padres sobre las mujeres. Luego llegó su noviazgo con Ruth, su boda en 2002, el nacimiento de sus hijos, posiblemente una etapa feliz en su vida: “Démosles una vida ideal, poder pasear, llevarlos al colegio, viajar, llevarlos al médico ¿tanta repelencia te produzco? Disfrutar de la Navidad”, le escribe a su mujer en su última carta.
 

 
Fuente: lavanguardia/Europa Press/El País
Edición: Bk
 
 
 
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