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El Muni

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África Occidental logra desalojar del poder a un dictador sin derramar una gota de sangre.

África Occidental logra desalojar del poder a un dictador sin derramar una gota de sangre.
África Occidental logra desalojar del poder a un dictador sin derramar una gota de sangre.

Yahya Jammeh vació las arcas del Estado gambiano. ¡Qué poca vergüenza!...

Un asesor próximo a Adama Barrow, el nuevo presidente de Gambia, cree que el ex dictador gambiano habría robado casi 11 millones de dólares antes de su partida a Conakry, su primera escala, antes de dirigirse a su exilio en Guinea Ecuatorial  el sábado pasado,  de acuerdo con las acusaciones formuladas el domingo  22 de enero por un asesor de su sucesor, Adama Barrow.

«En el momento que tomamos el control de gobierno, Gambia está en ruina financiera. Las arcas están prácticamente vacías», señaló desde Dakar Mai Fatty, asesor del nuevo jefe de Estado de Gambia, donde juró su cargo el jueves.


Según dicho asesor,  « en el espacio de dos semanas, 500 millions de dalasi habían sido retirados» por Yahya Jammeh, casi 11 millones de dólares USA (€ 10.2 millones). También confirmó que un avión de carga tchadiano transportó bienes del ex dictador fuera de Gambia, sobretodo varios vehículos.


Continuación de la operación de la Micega

Acogido por Senegal en Dakar, desde mediados de enero, Adama Barrow desean volver
«tan pronto como sea posible», volvió a señalar el domingo desde Dakar el señor Fatty, su asesor, en una rueda de prensa. Sin embargo, «la seguridad en Gambia sigue siendo frágil», subrayó.



En un comunicado leído en su nombre por el señor Fatty, Adama Barrow deseó «que las fuerzas de Micega [Misión de la CEDEAO en Gambia] permanezcan en el país hasta que la situación general del plan de seguridad esté restaurada de manera global». Según un alto responsable senegalés de la Micega, el jefe del ejército de Gambia, Ousman Badjie, ya ha anunciado su apoyo y fidelidad al nuevo presidente.


Una certidumbre existe: la operación  Micega durará hasta que "se establezcan las condiciones para el ejercicio efectivo" de poder por parte del Mr. Barrow, aseguró su comandante, el general François Ndiaye.


Alain Marcel de Souza, funcionario de alto nivel de la CEDEAO, dijo entre tanto que el poder «no puede quedará vacante» demasiado tiempo. El Sr. Barrow tomará posesión del cargo «tan pronto como sea posible».


El destino del exilio de Yahya Jammeh sigue siendo una incógnita.

Después de seis semanas de crisis política que nace de la negativa del Sr. Jammeh, derrotado en las elecciones presidenciales del 1 de diciembre de 2016, de dar paso al Sr. Barrow, las cosas están empezando a asentarse.

 

Bajo intensa presión diplomática, sobre todo de la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental (CEDEAO), el ex presidente gambiano accedió finalmente retirarse después de veintidós años en el poder, y voló de la capital Banjul a Conakry el sábado por la noche.

A continuación, tomó otro avión hacia Guinea Ecuatorial. Pero las autoridades de dicho país guardan silencio desde la tarde noche del domingo por  tarde a su presencia en su suelo.

En una declaración conjunta de la CEDEAO, la Unión Africana (UA) y la ONU anunciaron así mismo garantizar los derechos Jammeh, incluido el retorno a su país, apelando su «buena voluntad» para lograr una salida pacífica a la crisis. 

Algunos expertos de la Agencia France-Presse, estas garantías haría sin embargo, no legal.

El domingo, un alto funcionario mauritano informó así mismo que Nouakchott  se había quejado ante la CEDEAO, la Unión Africana y la ONU por  la entrada de «fuerzas extranjeras» en territorio de Gambia. Según Nouakchott, ese gesto supondría una «violación de los términos del acuerdo» que permitieron el exilio del Sr. Jammeh.

 



 

Una combinación entre intensa actividad diplomática y amenaza militar explícita doblegaron la resistencia del expresidente gambiano, algo inédito en la historia reciente del continente.

Las tropas senegalesas, aclamadas a su llegada a Banjul.

Unos 4.000 soldados senegaleses bajo mando de la Cedeao avanzaron este domingo desde varios puntos situados cerca de la frontera hacia la capital de Gambia, Banjul, con la intención de estabilizar la ciudad y observar la posible presencia de mercenarios contratados por Jammeh ante el inminente y esperado regreso del nuevo presidente del país, Adama Barrow. La población los recibió entre vítores.

En concreto, los soldados partieron de tres puntos: una unidad lo hizo desde Seleti, llegando a Banjul sobre las cinco de la tarde; otra desde Farafenni, cruzando el río y estacionándose en Soma tras hacer una incursión en Kanilai, la localidad natal de Yahya Jammeh; mientras que una última unidad salía de Karang, al norte, y se quedaba en Barra, tan solo separada de Banjul por el río.

Los soldados no han encontrado ningún tipo de resistencia por parte del Ejército gambiano y de hecho en algunas zonas militares, como la de Farafenni, ha contado con el apoyo efectivo y coordinación de las fuerzas locales.

Esta acción, que se hace en coordinación con el nuevo presidente del país, supone sin embargo un incumplimiento por parte de la Cedeao del acuerdo alcanzado con Jammeh el pasado sábado y que preveía el fin de las operaciones militares. En todo caso, el citado acuerdo también ha sido rechazado por la coalición que sostiene a Barrow.

 

 

Veinte de enero. Mientras el mundo no pierde detalle de la investidura de Donald Trump en EEUU, a miles de kilómetros, en un pequeño país africano llamado Gambia, un dictador hace las maletas para irse al exilio.


Después de 22 años parecía imposible que Yahya Jammeh cediera el poder de manera pacífica, pero una delicada combinación de intensa diplomacia y de amenaza militar bastó para que, sin disparar un solo tiro, el régimen colapsara.


Algo inédito en la historia reciente de África.

 

Una multitud que había huído por el temor a una revuelta volvía a Banjul el domingo AFP.- El Muni.
Una multitud que había huído por el temor a una revuelta volvía a Banjul el domingo AFP.- El Muni.

Una multitud que había huído por el temor a una revuelta volvía a Banjul el domingo AFP.- El Muni.

Si las paredes del Palacio Presidencial de Banjul pudieran hablar contarían la historia de estos tres días frenéticos de miedo en calles desiertas y soldados en la frontera, pero sobre todo de reuniones eternas en las que un presidente acorralado puso a su país al borde del abismo para salvar su pellejo.


Allí se jugó la última mano de una partida que comenzó el 9 de diciembre de 2016, el mismo día que Jammeh anunció que cambiaba de idea y no reconocía los resultados de unas elecciones que había perdido una semana antes.


La reacción internacional fue unánime: ni un solo país u organismo internacional dio pábulo a Jammeh y todos cerraron filas en torno al presidente electo, el opositor Adama Barrow. Los primeros, los africanos.

A juicio de Jeffrey Smith, investigador y director ejecutivo de Vanguard Africa que ha seguido muy de cerca la crisis gambiana, “hay que reconocer el robusto papel de liderazgo jugado por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao).


Cuando la democracia y la voluntad popular están amenazadas en un país, los líderes regionales no se pueden permitir el lujo de permanecer ajenos y Gambia constituye un ejemplo positivo de lo que puede ocurrir cuando esos líderes están unidos en este empeño”.

 

El 13 de enero, la primera misión de la Cedeao aterrizaba en Banjul. Al frente, una mujer enérgica, Premio Nobel de la Paz y presidenta de Liberia, Ellen-Johnson Sirleaf, marcó los límites a Jammeh pero el líder gambiano se sentía aún fuerte.


Junto a Ellen-Johnson Sirleaf, otro dirigente clave en la negociación fue el nigeriano Mahamadu Buhari, también exmilitar y exgolpista como Jammeh, que incluso le ofreció Nigeria como tierra de asilo. Pero no dio su brazo a torcer.
 

La Cedeao volvió a advertir: o se iba o habría intervención militar. Senegal, el país más afectado, empujó mucho en esa dirección. Sin embargo, Jammeh seguía enrocado y sacaba de paseo su habitual bravuconería.


A finales de diciembre, la tensión iba en aumento mientras el régimen comenzaba a mostrar los primeros signos de debilidad, desangrándose en un rosario de deserciones de ministros y militares.


El segundo round diplomático se jugó a mediados de enero, con Johnson-Sirleaf y Buhari de nuevo. Pero fue incluso peor. Jammeh grabó sin previo aviso una conversación telefónica con la presidenta liberiana y la emitió por televisión. “Está jugando con nosotros”, dijo luego la Premio Nobel.

El temor a un derramamiento de sangre hizo que unas 45.000 personas huyeran en las últimas semanas del país, la mayor parte rumbo a Senegal.


Las calles de la capital ofrecieron un aspecto fantasmagórico: comercios cerrados, miradas esquivas, soldados agazapados tras sacos de arena en puestos de control en cada cruce. Hasta los turistas salieron a borbotones. Ahora están volviendo.


Poco a poco, en sucesivas oleadas, gambianos y extranjeros regresan y el ritmo de la música de los locales nocturnos de Senegambia, Palma Rima y Kololi se empieza a fundir con el ajetreo recuperado de Westfield y Serekunda, donde todo empieza a ser como antes. 
 

Pero hace días no todo parecía tan halagüeño. El plazo dado por la Unión Africana expiraba el 19 de enero y todo apuntaba a un final movido.


Mientras Barrow era investido presidente en Dakar, la Cedeao agotaba su último cartucho apelando al palo y la zanahoria. Los dos mediadores enviados in extremis eran amigos personales de Jammeh, el de Guinea Conakry Alpha Condé y el mauritano Abdel Aziz.


Pero al mismo tiempo, las tropas senegalesas enseñaban los dientes y atravesaban los puestos fronterizos de Farafenni, Seleti y Karang ante un Ejército gambiano ya convencido de la inutilidad de mostrar resistencia. A Jammeh no le quedó más remedio que capitular en Banjul.
 

Las últimas horas que ganó antes de partir rumbo a Conakri, primera escala antes de seguir hacia Guinea Ecuatorial, le sirvieron para rebañar una pírrica victoria con un acuerdo que protege sus bienes, le permite regresar a Gambia y mantiene sus derechos civiles.


Ahora Adama Barrow se perfila como una incógnita, pero la llegada de nuevos aires de libertad a este país sin injerencias con tufillo colonial ni violencia ha sido celebrada como la consecución de la vieja aspiración continental de encontrar soluciones africanas a los problemas africanos.


“Si la democracia puede llegar a Gambia, puede hacerlo a cualquier parte”, remata Jeffrey Smith.

 

 

Fuente: LeMonde fr con la agencia AFP y la AP
Traducción / Edición: Bk

 

 

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