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Sucesos insólitos en el corazón de África - África profunda - Información alternativa - Narraciones románticas - Ideas - Pensamientos - Opiniones - Punto de vista El Muni - Las Américas - Amistades - Derechos Humanos - La Mujer ayer y hoy  - Política - Sociedad - Religión - El ser humano -  Mundo cosmopolita - Salud - Educación - Ciencia - La Historia - Música - Lucha por las libertades -... [Busque su tema seleccionado con la lupa, en las etiquetas, en archivos, en las páginas (según año y mes de publicación)]

El Muni

Sucesos insólitos en el corazón de África - África profunda - Información alternativa - Narraciones románticas - Ideas - Pensamientos - Opiniones - Punto de vista El Muni - Las Américas - Amistades - Derechos Humanos - La Mujer ayer y hoy - Política - Sociedad - Religión - El ser humano - Mundo cosmopolita - Salud - Educación - Ciencia - La Historia - Música - Lucha por las libertades -... [Busque su tema seleccionado con la lupa, en las etiquetas, en archivos, en las páginas (según año y mes de publicación)]

Costa de Marfil: Para escapar de la miseria, me hice pasar por vagabunda desquiciada con el fin de poder acostarme con otro vagabundo deficiente mental, y así hacerme rica.

Costa de Marfil: Para escapar de la miseria, me hice pasar por vagabunda desquiciada con el fin de poder acostarme con otro vagabundo deficiente mental, y así hacerme rica.
¿Qué no haríamos para hacernos ricos? Cada vez más personas están dispuestas a hacer lo impensable para ganarse el mejor estatus social.
 
Aquí nos traen el testimonio de esta señora que se vistió de vagabunda para tener sexo con otro vagabundo enfermo mental. Ese fue el requisito previo que pactó con su morabito para que fuera una mujer rica.
 
Soy Chantal, aunque mis amigos y mis amigas me llaman "Chantou", la mayor de una familia de tres hermanos: dos chicas y un chico.

Ya perdimos a nuestro padre, cuando todavía éramos pequeños; entonces yo tenía 12 años. Esta pérdida me condicionó de manera que no pudiera continuar mis estudios, pues mi madre no podía permitirse costear mis estudios.
 
 
Nacida en la miseria.
 
Artesano de profesión, mi padre se servía del hierro para fabricar objetos que comercializaba. Tenía incluso clientes europeos que venían a comprar sus artículos.
 
En cuanto a mi madre, ella llevaba un pequeño negocio de venta de buñuelos. Ayudaba yo a mi madre muy a menudo en sus tareas, sobre todo cuando la vida se volvió muy difícil para nosotros tras la muerte de mi padre.
 
Cuando mamá tenía problemas de salud, me convertía automáticamente en la segunda madre de la familia. En todo momento tenía que ocuparme del cuidado de mis hermanos pequeños.
 
A menudo, cuando nos reunía, papá siempre me aconsejó que fuera el mayor apoyo para mis hermanos pequeños. Me confió la responsabilidad y el cuidado de mi hermano y hermana cuando él se hubiera ído de este mundo.
 
Mi padre murió bajo el peso de la edad y, 2 años después, mamá lo siguió en la otra vida. Las dos principales familias parientes de nuestros padres se desentendieron de nosotros.

Así quedamos abandonados a nuestra suerte. Lo único que teníamos de pertenencia era una desvencijada casa en una barriada pobre; la casa perteneció a nuestro papá. Es la que nos salvó de no encontrarnos en la calle.
 
 
Todo por salir de la miseria.
 
Tenía 18 años cuando me encontré con Salif, un joven que estaba dispuesto a casarse conmigo. Por desgracia, su familia estaba en contra de nuestra unión. Así es como se vio obligado a dejarme caer por otra.
 
Tenía que arreglármelas siempre para poder llevar algo que comer a casa, para mi hermano y mi hermana. Con la venta de sencillos productos junto a la carretera y, a menudo, trabajos de sirvienta, terminé haciendo lo mismo que mi madre: vender buñuelos.
 
El dinero que ganaba permitió ocuparme de mí misma y de mis hermanos pequeños. El chico ya había empezado a ir a la escuela y mi hermana a aprender el oficio de costurera.
 
Mis hermanos y yo, vivíamos así hasta que todo se torció. En una madrugada, mi hermano se puso muy enfermo y tuvimos que llevarlo de urgencias al hospital. Descubrimos con los análisis que sufría de insuficiencia respiratoria.
 
Y es que cuando mi hermano pequeño dormía, a menudo su fuerte respiración me asustaba, pero nunca pensé que sería nada grave.
 
Pues, a partir de aquél diagnóstico, el niño debía someterse a una cirugía de emergencia que costaría 500.000 Francos Cefas. ¿Qué hacer para conseguir esa suma con el fin de salvar a mi hermano?
 
Toqué muchas puertas en busca de ayuda, todo en vano. Los parientes de nuestros padres no quisieron mover ningún solo dedo. Incluso fui a pedir ayuda a los religiosos que me dieron lo que pudieron.
 
Pasé muchas noches sin poder dormir, incapaz de conseguir el dinero para la operación de mi hermano; finalmente, el chico falleció.
 
Después de esta otra desgracia, pensé que tenía que hacer todo lo posible para salir de la miseria. Hacer algo para cambiar nuestra miserable vida.

Pensé en la prostitución, en la delincuencia; en fin, pensé en cosas muy feas, incluso en cosas contranatura que podrían ayudarme a conseguir dinero fácilmente.
Imágenes de Yopougon, Costa de Marfil.- El Muni.
Imágenes de Yopougon, Costa de Marfil.- El Muni.
Imágenes de Yopougon, Costa de Marfil.- El Muni.
Imágenes de Yopougon, Costa de Marfil.- El Muni.
Imágenes de Yopougon, Costa de Marfil.- El Muni.
Imágenes de Yopougon, Costa de Marfil.- El Muni.
Imágenes de Yopougon, Costa de Marfil.- El Muni.
Imágenes de Yopougon, Costa de Marfil.- El Muni.

Imágenes de Yopougon, Costa de Marfil.- El Muni.

 
 
 
Me acosté con un vagabundo enfermo mental.
 
Fue entonces cuando visité a un morabito, quien me dijo que me acostara con un vagabundo, a ser preciso, que fuera un enfermo mental y recoger su esperma para convertirme en una mujer rica. No tenía otra opción, o al menos no veía otra.
 
La vida se volvía cada vez más difícil cada 24 horas que pasaban. Yo me encontraba en una provincia en el interior del país. Y para hacer lo que el morabito me había pedido decidí irme a Abidjan, la capital mi país, Costa de Marfil.
 
A mi llegada a Abidjan, me dirigí a Yopougon, un barrio de la capital, donde me acogieron los padres de una amiga de infancia.
 
Ya corría una semana desde que puse mi plan en marcha, recorriendo el barrio donde vivía para detectar los lugares de asistencia a vagabundos y enfermos mentales.
 
Un día, en mi deambular nocturno, vi a un enfermo mental en el mercado del barrio, estaba acostado sobre una mesa.
 
Mi morabito había decidido que el acto con el vagabundo tuviera lugar un viernes, alrededor de las 3 de la madrugada.
 
Cuando llegó el día, yo me disfracé de vagabunda desquiciada para no hacerme descubrir y para dirigirme al mercado del barrio.
 
Tenía el parecido de una loca vagabunda cuando salí de casa. Encontré, efectivamente al loco vagabundo durmiendo sobre la misma mesa.
 
Me acerqué a él con el temor de ser asaltada. Yo debía reunir el suficiente valor si quería poner fin a la miseria en mi vida. Cuando llegué a su altura y empecé a tocarlo, se sobre saltó antes de dejarse llevar. Mis caricias le pusieron en un estado inusual. Pronto entró en el juego, y empezó a tocarme y acariciarme.
 
De la mesa nos encontramos en el suelo. El vagabundo desquiciado ya estaba bien tenso. Él, realmente, tenía lo que un hombre tiene que tener.

Tomé la iniciativa y me puse sobre él. A continuación me dio la vuelta y se puso sobre mí.
 
Él fue muy violento y pareció aún más enloquecido de lo que estaba. No tenía el mínimo de cariño ni sensibilidad. Yo sufría muchísimo, pero tenía que aguantar, pues lo que quería de él aún no había llegado.
 
Cuando lo sentí venir, maniobré para que lo liberara sobre mí, y así yo poder recoger su semen. Y lo hizo abundantemente; justo en ese momento pude recoger su semen con la ayuda de un condón que me llevé, pero que no pude ponérselo.
 
Después de eso, el hombre volvió a dormirse de inmediato como un niño, lo que facilitó las cosas.
 
Después de conseguir lo que yo quería, me fui rápidamente del lugar, evitando descubrirme; luego me dirigí a casa a dormir como si nada hubiera sucedido.
 
No sé lo que el morabito hizo con el semen del vagabundo enfermo mental cuando se lo llevé; pero, efectivamente, él me hizo rica. Tengo mis posesiones en propiedad. A mi hermana le está yendo de maravilla y es una gran diseñadora de moda en el país.
 
Lo únco que me falta es poder casarme, porque todos los hombres con los que me encuentro huyen de mí, sin siquiera querer acostarse conmigo.
 
Quiero romper el pacto que tengo con el morabito, pero temo volver a caer en la miseria, y tal vez sea mucho mayor que antes.
 
 
Por favor, necesito ayuda.

 

 

Fuente: actualiteafrique.info/faits-divers/
Traducción / Edición: Bk

 

 

 

 

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