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El Muni

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La chica de Bata.

Publicado por Bokung Ondo Akum in Narraciones romanticas, La chica de Bata

La chica de Bata.
Los atardeceres tardaban en llegar, como si el Sol estuviera cansado por hacer su ruta hacia el ocaso.
 
Los días demoraban en mostrarme su rostro, como si estuvieran resacosos.
 
Esperar llegar a fin de semana, más bien me suponía un suplicio, pues no estaba.

 

 

No tienes ni remota idea de cuánto te quiero.- El Muni.

 


El tedio me consumía, y me sumía en la melancolía; en pocos días había perdido mi peso óptimo, pues a penas probaba bocado porque pierdo el apetito a la mínima preocupación.

 
Me preguntaba, en mi estado soporífero, si volvería yo a distinguir el sueño de la vigilia.
 
A menudo no nos damos cuenta lo que signica una llamada de teléfono o un mensaje de la persona allegada. Mi teléfono se había apagado hacía ya tiempo, tanto que ni recordaba la última vez que sonó.
 
Sólo me quedaba el wáter donde me sentaba y pasaba buenos ratos con la palma de la mano posada en sien, a menudo sin deposiciones ni nada parecido, y se me agolpaban sentimientos varios en la mente; de alguna manera, Roca se convirtió en mi confidente y fiel confesor.
 
 
 
 
De entre las preguntas más recurrentes, ¿cuándo volvería?, ¿por qué ni me llamaba ni me volvía las llamadas?, ¿qué la nabía hecho yo para merecer su indiferencia?
 
 
Si volviera a tenerla en mis brazos, decía yo sentado en el wáter, lo que la profanaría a besos... no vacilaría en estrujarla con abrazos, me enceraría siete días y siete noches con ella; solo los dioses sabrían lo que estaríamos haciendo en el encierro...
 
Al doudécimo día de haber perdido el contacto, estaba yo adormilado; me sobresalté el timbre de mi teléfono. Era ella quien llamaba, la chica de Bata.
 

Nacimos destinados a estar juntos.-
El Muni.

 

La muchacha había perdido su bolso, incluído su teléfono móvil en el aeropuerto Internacional Jomo Kenyatta en Nairobi, después de una estancia en Mombasa por su trabajo.
 
Según pude constatar días después de su regreso, los astros habían recobrado la alineación interplanetaria; el Sol abandonó sus demoras y alcanzaba el ocaso como de costumbre; el alba precedía de nuevo a las mañanas, justo cuando me hundía en la mirada de la chica de Bata y la profanaba a besos.
 
No hice preguntas ni hubo respuestas que darme; solo esperaba que volviera junto a mí, lo mismo como ella sabía que la estaba esperando; queríamos estar juntos, hasta el final de los tiempos.
 
 
 
Bk
 
 
 
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