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El Muni

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Los últimos de Guinea: “Querías ir a Guinea por lo económico porque cuando veníamos a España éramos unos privilegiados”

Los últimos de Guinea: “Querías ir a Guinea por lo económico porque cuando veníamos a España éramos unos privilegiados”

“Querías ir a Guinea por lo económico porque cuando veníamos a España éramos unos privilegiados, pero también por la aventura. El inconveniente eran los insectos, que te picaban a millones”.

Los últimos de Guinea: “Querías ir a Guinea por lo económico porque cuando veníamos a España éramos unos privilegiados”
Desembarco en Cádiz de guardias civiles procedentes de Guinea en abril de 1969.

Dos guardias gallegos relatan el fin de la ocupación española, cuando los camaleones se metían en su camisa y los destacamentos tenían un cazador a su servicio.

 

El capitán de la Armada D. Enrique Ojeda López, con uniforme blanco, dirige una guarnición de Marina en Guinea Ecuatorial en 1964.- El Muni.

El capitán de la Armada D. Enrique Ojeda López, con uniforme blanco, dirige una guarnición de Marina en Guinea Ecuatorial en 1964.- El Muni.

Ramón García fue uno de los últimos guardias civiles en abandonar Guinea Ecuatorial cuando la excolonia española alcanzó la independencia.

 

Corría el año 1968 y este lucense de 72 años dejaba atrás incluso un Land Rover oficial antes de embarcar en el buque Castilla de la Armada que repatriaba a los españoles que apresuradamente abandonaban el país africano.

 

Tanto él como Onésimo González Mateo, de 80 años, ambos nacidos en sendos cuarteles del instituto armado y ya retirados, fueron testigos directos de aquel momento histórico que puso fin a 64 años de ocupación, una etapa que les ha vuelto a la memoria con el estreno de la película Palmeras en la nieve.

 

“La evacuación no la hicimos por el puerto sino por una de las playas, a la que vino una de las lanchas de desembarco”, evoca Ramón, que llegó a cabo segundo en el acuartelamiento de Santa Isabel de Malabo, hoy capital del país.

 

“Se arrió la bandera, montamos en los Land Rover y parte de ellos se quedaron en la playa. El viaje en el Castilla duró 25 días hasta Las Palmas”.

 

Aquellos días finales se produjeron “algarabías” pero “ninguna refriega”. Ramón sí recuerda cómo guardias de paisano tuvieron que salvar de un tumulto a tres representantes de la ONU.

 

En los momentos de mayor tensión de la descolonización, entre 1968 y 1969, “la gente iba al campamento buscando seguridad”. “Las camas las ocupaba la población, yo me acostaba en el suelo”, afirma.

 

En septiembre de 1968 Francisco Macías Nguema salió elegido presidente de Guinea Ecuatorial con el apoyo de movimientos nacionalistas. Onésimo permaneció en Bata y luego en Fernando Poo de 1961 a 1965 donde conoció a Macías, que fue alcalde de Guadalupe.

 

Los últimos de Guinea: “Querías ir a Guinea por lo económico porque cuando veníamos a España éramos unos privilegiados”

 

“Macías quería mandar, ya armaba jaleo entonces. Luego lo hicieron vicepresidente del gobierno y les dieron Mercedes a todos”, relata. “Querías ir a Guinea por lo económico porque cuando veníamos a España éramos unos privilegiados, pero también por la aventura. El inconveniente eran los insectos, que te picaban a millones”, rememora, por su parte, Ramón.

 

Han pasado 238 años desde que el 17 de abril de 1778 el VII conde de Argelejo salía de Montevideo rumbo a Bioko para tomar posesión de los territorios del golfo de Guinea.

 

 

Los últimos de Guinea: “Querías ir a Guinea por lo económico porque cuando veníamos a España éramos unos privilegiados”
Los últimos de Guinea: “Querías ir a Guinea por lo económico porque cuando veníamos a España éramos unos privilegiados”
Los últimos de Guinea: “Querías ir a Guinea por lo económico porque cuando veníamos a España éramos unos privilegiados”

“Cuando los guineanos vieron que a los demás países de África les daban la independencia ellos también la reclamaron”, señala Onésimo, quien de su paso por el país también cuenta que en su destacamento tenían un “cazador” que les suministraba la comida.

 

“Por cierto, años después me llamó para decirme que estaba de embajador en Madrid”, detalla.

 

El proceso de adaptación, reconocen ambos, fue “difícil”. “Había camaleones que se te metían por la camisa. En el aeropuerto vimos una boa”, desgrana Ramón. “Llegábamos a los cuarenta grados de calor pero lo peor era la humedad. Lo que bebías salía por los poros de la piel, incluido el whisky”, bromea.

 

Ramón asegura que en Guinea “había muchos gallegos” y recuerda con un gesto de rabia a un guardia civil de Lugo que pereció por enfermedad y cuyo cadáver nunca fue repatriado.

 

“Las autoridades no hicieron nada”, recrimina quien tuvo que comunicar la trágica noticia a su esposa. Ninguno de estos dos guardias lucenses ha regresado al país africano, pero Onésimo conoció en Baralla a un ciudadano de Guinea que se ha convertido en su punto de enganche con el lugar al que fue destinado para vivir un momento histórico.

 

 

La Guardia Colonial en Guinea.- El Muni.

La Guardia Colonial en Guinea.- El Muni.

La Guardia civil se había quedado en Guinea por convenio bilateral, contemplado en el protocolo de la independencia, y a Macías esto le agradaba en principio porque suponía su única salvaguardia personal fiable; conocía la idiosincrasia de sus compatriotas, y su escaso margen de victoria electoral hacía muy vulnerable su continuidad.


Obviamente, su odio creciente hacia España, culminado con la expulsión del embajador, acabó con cualquier posibilidad de buena relación con la GC, que por otra parte solo recibía órdenes de Madrid.


La escalada de terror propiciada por Macías, los asesinatos, torturas, y el caos del orden público, crean una situación de la cual Macías no sabe como salir, a pesar de que se lo plantea en alguna ocasión, como me consta. Por una parte, su odio a España le enemista con la GC, única posibilidad de su propia seguridad en caso extremo, como él sabe muy bien.

 

De otra, el frenesí de anarquía en el que han entrado sus juventudes, se escapa a su control y sólo es capaz de alimentarlo y encauzarlo hacia España, mientras le sea posible hacerlo, cuestión solo temporal como también él sabe.


Todo esto magnifica su paranoia día a día y crea un fenómeno de violencia auto alimentada, con un final anunciado a voces.


El conflicto se resumía en el encono estúpido, entre un demente acorralado por el pánico, de una sub-etnia concreta, y un gobierno español caduco e inmoral, representado por la escoria de su diplomacia, consecuentemente también, caduca e inmoral.

Fuente: El País/

Edición: Bk

 

 

 

 

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