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El Muni

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Posts con #narraciones romanticas categoría

¿Me las quitas o las retiro?

Publicado en 17 Agosto 2018 por Bokung Ondo Akum en Narraciones romanticas, Mujer ayer y hoy

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No tienes ni remota idea de cuánto te quiero LXXXIX.

Publicado en 8 Enero 2016 por Bokung Ondo Akum en Narraciones romanticas

No tienes ni remota idea de cuánto te quiero LXXXIX.

 

Cariño, por favor, huye conmigo.
Amor mío, no te pido milagros,
solo quiero estar contigo,
hasta el final de los tiempos.

 

 

 

Bk.

 

 

 

El Muni

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12. La chica de Bata.

Publicado en 28 Agosto 2015 por Bokung Ondo Akum en Narraciones romanticas, La chica de Bata.

12. La chica de Bata.

 

- Cariño, ¿en qué estás pensando?, preguntó ella.

- Estoy preocupado, mi niña, respondía yo.

- Cuéntame, ¿qué te ocurre?

 

- Mi niña, quiero saber si recibes de mí todo el amor que te mereces, como recibo yo de ti todo el amor,
todo el cariño,
todos los besos,
toda la atención,
toda la comprensión y respeto
que me han sido negados en décadas.

 

- Será posible..., ¿por eso estás ensimismado desde que cayó la tarde?

 

- Pues sí. Es importante para mi verte alegre, sonriente y feliz todos los días. Me sentiría desdichado que el fulgor de tus ojos se marchitara, porque te necesito viva.

 

- Cariño, si algo parecido a lo que pensabas hoy estuviese acechándome, te lo diría y te propondría buscar alguna solución porque soy tuya, y lo voy a ser hasta el final de los tiempos.

 

Amor mío, siguió diciendo la chica de Bata, lo que recibo de ti, no creo que otro hombre me lo daría. Por todo lo demás, no estoy contigo sólo para lo bueno, o estaría mintiendo cuando digo que soy tuya.

 

Anda, deja de pensar sin mí, quiero que pensemos juntos sobre nuestras preocupaciones, porque somos dos en una sola cosa: amor.

 

Llévame a la cama que se nos han hecho tarde. Te necesito, tesoro; te quiero. Eres mío como yo soy tuya, hasta el final de los tiempos.

 

No tienes ni remota idea de cuánto te quiero.- El Muni.

No tienes ni remota idea de cuánto te quiero.- El Muni.

 

La chica de Bata me abrazó. Yo la besé levantándola del suelo y nos fuimos a descansar mientras me iba diciendo: no quiero vivir sin ti; tú tampoco quieres vivir sin mí, ¿lo entiendes, mi niño, que somos dos condenados enamorados que....?

 

Sus palabras finales se ahogaron en mi boca cuando la tendí en la cama y nuestras bocas se fundieron en un beso que podía ser un testamento para la humanidad.

 

 

 

Bk

 

 

El Muni

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9. La chica de Bata.

Publicado en 20 Agosto 2015 por Bokung Ondo Akum en Narraciones romanticas

 

Dos semanas antes de que emprendiera aquél viaje, estuve rogando a la chica de Bata a que no se fuera sin mí, que me esperara para que fuéramos juntos.

 

Insistió la mujer que no pasaría nada, que ya me reuniría con ella cuando terminara yo de cerrar el trato que tenía pendiente con un retratista; el dibujante tenía que hacernos un retrato de tamaño real. La chica de Bata y yo, teníamos que posar juntos para nuestro recuerdo.

 

Yo, al final, cedí. Dejé que la chica de Bata se fuera, que ya me reuniría con ella más adelante cuando hubiera terminado lo que tenía pendiente.

 

Si yo me iba de la ciudad, el retratista llegaría en nuestra ausencia y quedaríamos como unos mal queda si no nos encontraba como habíamos acordado.

 

Desde que se fuera la chica de Bata, al principio, hablábamos por teléfono todos los días, con una frecuencia de seis a ocho llamadas por día, y aun con todas esas llamadas, nos costaba una barbaridad despedirnos y cerrar la línea; tanto era así que pasábamos un buen rato pregúntanos, ¿cuelgas tú o cuelgo yo?

 

Cariño, ¿sigues ahí? Dime algo, ¿no tienes ganas de cortar, verdad?, te quiero, te quiero..., decía ella.

Y yo le preguntaba, ¿mucho, mucho, mucho, mucho?

Y ella respondía, ya lo sabes cariño.

9. La chica de Bata.
 

 

 

A medida que pasaban los días y no llegaba el dibujante, mi reencuentro con la chica de Bata se iba alejando cada vez más en el tiempo, tanto que nuestras ganas por estar juntos incrementaban como en una progresión geométrica.

 

Cada dia que pasaba, cada noche en vela, sin la chica de Bata, era casi un martirio.

 

Nuestra dependencia al teléfono por estar conectados era como del alvéolo pulmonar al oxígeno, casi obsesiva.

 

Parecía que me iba a morir asfixiado si la chica de Bata no me oxigenaba día y noche, bien a través de la fibra óptica, bien a través del teléfono móvil.

 

Las escasas horas que no estábamos en línea resultaban ser tan angustiosas y pesadas que optamos por no apagar más el teléfono hasta que me fuera a reunir con ella.

 

Así estuvimos las veinticuatro horas del día conectados por teléfono en todo el tiempo que demoré en reunirme con la chica de Bata.

 

En todo momento, tanto la chica de Bata como yo, sabíamos la una lo que hacía el otro y viceversa, así como dónde estabamos en cada instante.

 

Yo sabía y me enteraba cuando la chica de Bata entraba en el cuarto de baño, cuándo se desnudaba, cuándo se metía bajo la ducha, el chorro de agua, como una suave cascada rociando su lustrosa piel suave de mujer. Yo lo escuchaba todo como ella hacia otro tanto.

 

Me hablaba prácticamente de todo, a veces, sin necesidad de decir nada, pues estaba conectado a ella como ella a mí por teléfono.

 

De vez en cuando emprendíamos una conversación de manera espontánea. Siempre teníamos algo que decirnos.

 

Salvo las obligaciones de cada uno, nuestras charlas eran como las epopeyas nacionales que no tienen un final claro; habían desterrado el aburrimiento, la desidia y el astío.

 

Nos íbamos al mismo tiempo a la cama. Si ninguno de los dos se había cepillado los dientes antes de dormirnos, la chica de Bata escuchaba desde su móvil el roce del cepillo contra mis dientes, como yo le oía enjuagarse la boca.

 

9. La chica de Bata.

A veces me voy a la cama después de un buen colacao, y si todavía no me lo había tomado, desde el otro lado de la línea telefónica, la chica de Bata me decía, como un susurro al oído, tranquilo cariño, te espero.

 

- Ya estoy cariño, le decía yo después de que me tomara el colacao.

- Estoy lista mi niño, me decía la chica de Bata desde el otro lado de la línea de teléfono.

 

Y cuando decía estoy lista, significaba que ya nos metíamos en la cama.

 

A continuación hablábamos de cosas varias a medida que nos iba venciendo paulatinamente el sueño; la línea telefónica se iba inundando de besos tal que tenía yo la sensación de que nuestros besos viajaban hasta los confines del mundo a través de la red telefónica mundial.

 

En lugar de la contaminación industrial, el éter, la estratosfera y todos los satélites de comunicación esperaban nuestros besos para irradiarlos por el resto del planeta.

 

La respiración pausada y suave de la chica de Bata llegaba a mis oídos cual deliciosa armonía interplanetaria; las vueltas, cada vuelta que daba en la cama, el roce suave de las sábanas con su cuerpo, ese cuerpo que me imaginaba sin pijama y, yo, como si estuviera abrazado a ella por el lado de su espalda,  los nudillos de mi mano izquierda acariciando su ombligo.

 

A la mañana siguiente, si uno de los dos tardaba en despertar, o la chica de Bata o yo, apagábamos el teléfono para llamar de nuevo, aprovechando que el timbrazo me despertara a mí o bien despertara a la chica de Bata.

 

Como si hubiésemos pasado la noche juntos, nos dábamos el beso de los buenos días, una y otra y otra vez, y empezábamos el nuevo día; así, todos los días, hasta que sin esperármelo llegó el retratista.

 

Entonces, la chica de Bata me dijo: cariño, mañana eres mío enterito. Le di un beso que la línea telefónica le hizo llegar en fracción de segundo.

 

 

 

 

Bk.

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No tienes ni remota idea de cuánto te quiero LXIX

Publicado en 24 Julio 2015 por Bokung Ondo Akum en Narraciones romanticas

No tienes ni remota idea de cuánto te quiero LXIX

La última vez que estuve con ella  me regaló un pañuelo blanco ribeteado en fucsia,  una bienvenida de los mares de la Patagonia; Kilimanjaro lloraba emocionada.

 

Tan abrumada estaba  de nuestra felicidad la esbelta africana que el faquir de Calcuta me dijo que había alcanzado el cielo eterno en la Tierra; Aleksander Solzhenitsyn nos juntó  en el Archipiélago Gulag a merced de la KGB

La última vez que estuve con  ella me regaló  su sonrisa, las cataratas del Niagara,  la reina Victoria retozando en sueños con Livigstone mientras Zambia y Zimbabue se preguntaban si nos habíamos perdido en las eyaculaciones  en suspenso de Olaya.

La última vez que estuve con ella, me regaló el tibio ardor  de su ombligo cual  pulida insinuación  habría  descrito Octavio Paz:

[voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos
].


¡Alma de todas las almas!, ¿en qué urbe?, ¿en qué pueblo?, ¿en qué lugar terrenal singulares iglesias estarían erguidas?


Cuando me regaló sus tobillos esculpidos en Mitemleté perdí la conciencia; eso, en el fulgor de las brasas, las ansias expontáneas, dos almas pendientes de fundirse en una,  la demarcación de toda la vida, Evinayong Alo Milam, perdí de nuevo la conciencia, justo donde Nvog Yíi le desabrochaba los pantalones a Alén, Bibobindua sonriendo cómplice; entonces  me regaló su escote, obsequiándome dos turgencias como las cúpulas de la iglesia de Santa Sofía Bizancio, era como si se hubieran juntado dos Moncayos.

Solo nos teníamos la una al otro y viceversa; eso nos bastaba cuando sin esperármelo me regaló sus andares; marcando el paso, iba firme y serena, todo un primor verla caminar.

 

Luego me regaló su irisada  sonrisa una vez más cuando la galaxia  a su vez me sonrió, esa mujer me había regalado la  eternidad...

Qué puedo contarle al mundo..., esa belleza esculpida en carne de mujer: la rodilla que se juntara a la rodilla; la faldita al sentarse recogida.

 

Cogidos de la mano, esa mujer me regaló las américas en velero, me regaló Europa y yo la besé frente a Notre Dame; me regaló Asia y todas las oceanías; es que esta chica me  regaló la madre de  las madres, me regaló África; porque me llevó a Tánger, me llevó a Evinayong, recalamos en Bata, nos maravillamos en  Palé, flotamos sobre  nkoo biyendem, bailamos en Akuacam, me situó en Dar es Salaam,  Yamoussoukro nos absorbió, y  en Douala, ay Douala, ella me besó...

Quería preguntarle si podíamos acercarnos a Durban, a Mombasa,  a Kinshasa o al Estuario del Muni; me respondió que su hermana le estaría esperando en Puerto Tejada al tiempo que  tiraba sus braguitas al Tanganika y volvimos a  besarnos cuando el mundo se paró y se hizo nuestro...

 

 

 

 

Bk


El Muni

 

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No tienes ni remota idea de cuánto te quiero LV.

Publicado en 23 Julio 2015 por Bokung Ondo Akum en Narraciones romanticas

No tienes ni remota idea de cuánto te quiero LV.

Solo sé que te necesito. ¿Crees que es culpa mía el que te quiera?

 

Las personas no se conocen hasta que compartan algo en el tiempo, durante algún tiempo, lo que sea, pero algo.

 

Al principio me dabas miedo, seguramente por la fama que tenías en el instituto.

 

No te voy a mentir, con el aura que te rodeaba siempre traté de esquivarte aun cuando sabía que me necesitabas. Tus miradas perdidas hacia dios sabe dónde; solo salías de tus ensimismamientos cuando me acercaba o alguien pronunciaba mi nombre cerca de ti.

 

Nunca he sido una chica avispada; pero,  con todo algo me decía que estabas pendiente de mí. La curiosidad por averiguar si eran ciertas mis suposiciones hizo que me fuera acercando y adetrándome en tu entorno hasta ser asidua a vuetros encuentros de fútbol.

 
 
 
 

 

 
 
 
 

Me decía a mí misma, "debes ser la chica más rara del insti por ir detrás de un chico que a nadie más le interesa".

 

Si me oyeran tus amigos ya dirían que todas las chicas somos iguales. Pues no somos iguales y aquí estoy contigo porque te hice mío, a nadie más.

 

La verdad es que no quería aceptar nada tuyo para no dejarte trazado el camino hacia mí, de las veces que me ofrecías heldos o chupachups me hacía de rogar tanto para que de alguna manera te dieras por vencido.

 

No quería que te tomaras confianzas aunque siempre me intrigó lo que pasaba por tu cabeza al saberse distinto en todo el insti.

 

Acudía a los partidos de fútbol de vuestro equipo para ver con mis propios ojos lo duro que decían que eras en el campo con tus adversarios. Al final constaté que no eras nada violento, solo un chico dinámico y fuerte que sabía defender su espacio.

 

Han pasado muchos meses desde que somos novios; he compartido contigo todo lo que es tuyo y todo lo que es mío. Todo lo que ha estado a nuestro alcance lo hemos compartido, y le doy gracias a dios el que haya sido así, porque de otro modo tal vez no te habría conocido como te conozco ahora.

 

Todo el mundo, incluso yo, pensaba que te las arreglarías tú solo el día que te agredieron en grupo. Se alimentaban de la fama de chico duro que siempre te acompañaba.

 

Hasta yo también te creí erróneamente infalible hasta que te vi tendido aquél día en el suelo sin aliento, sin señales de vida. No te movías. Me acurruqué junto a ti con el oido pagado a  tu pecho haber si todavía respirabas. Empecé a gritar ¡socorrooo!, ¡socorrooo!, ¡socorrooo!

 

Cuando parecía que solo el eco de mis gritos respondía a mi petición de ayuda, de repente, sin saber quién lo conducía, dos personas se apearon de un coche que no pude ver llegar y te trajimos aquí.

 
Llevas dos meses en coma y jamás me he alejado de ti en ningún momento. Vivo contigo aquí en el hospital; el mundo de ahí fuera me cae muy pesado sin ti.

 

Muchas amigas creen que estoy perdiendo mi juvetud por un amor pasajero de jóvenes; dicen estar seguras de que el día de mañana cada uno tomará su camino.

 

Pero yo te quiero: Aunque no puedas responderme estoy convencida de que me escuchas, ¿verdad cariño?

 
 
 
 

 

 
 
 
 

Mi gente no entiende nada, no logran entender que te quiera tanto, y no es por pena ni porque te agredieran; sencillamente te quiero.

 

Dime una cosa, ¿crees que es culpa mía el que te quiera tanto?

Yo siempre te querré, hasta el final de los tiempos; te necesito cariño. Ya verás cómo salimos de esta.

 

 

No tienes ni remota  idea de cuánto te quiero LV
 
 Te estoy esperando; espero que vuelvas a mí, que todo vuelva ser como antes. Eres mío y yo tuya, no tenemos a nadie más en el mundo.
 
No tienes ni remota  idea de cuánto te quiero LV
 
 
Bk.
 
 
El Muni.
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No tienes ni remota idea de cuánto te quiero LXXIV.

Publicado en 20 Marzo 2015 por Bokung Ondo Akum en Narraciones romanticas

El paseo marítimo de Bata les unió.

No tienes ni remota idea de cuánto te quiero  LXXIV.

 

 

Bata amanecía cuando salían de la discoteca. Iban algo encendidos por la euforia; copas y cócteles habían rodado en la barra del club nocturno durante aquella noche de domingo.

 

Al franquear el portón de salida y plantarse afuera de la disco, se dieron cuanta de que los muchachos ya enfilaban hacia sus colegios, que el bullicio reinaba en la ciudad, los claxons de los áutos vibrando con estridencia acá y allá, mientras los mercados se iban abarrotando de gentes y existencias.

 

Los funcionarios embutidos en sus trajes, carteras suspendidas bajo el brazo, las funcionarias luciendo sus mejores atuendos, bolsos al hombro, se desplazaban con evidente premura hacia sus oficinas.

 

De todos los que salían de la discoteca, una parejita había que se sentía como desubicada a esas horas de la amñana, cuando todo el mundo iba a su faena. Pero, tenían a la vista un deber de la vida que llevar acabo: amarse.

 

Atardece en Bata

Atardece en Bata

 

Y es que se habían visto por primera vez la noche del sábado. Entre la una y el otro, algo les decía en el fondo de su corazón que debían volver a la disco el domingo, pues los dos coincidieron en ese deseo y a penas pudieron despedirse aquella primera noche.

 

Ahora, mientras iban avanzando, con cierta timidez él puso la mano sobre su cintura; cuando ella sintió la mano de su acompañante, hizo instintivamente a su vez lo mismo, también pasó la suya a la cintura de éste, con lo que se pusieron a caminar confiados, con el paso sincronizado como dos autómatas.

 

Eligieron uno de los accesos al paseo marítimo batense en busca de la soledad. Llegados a la costa, la brisa del Atlántico les dio la bienvenida con una racha de brisa fresca.

 

 

Bata anochece

Bata anochece

Una transferencia de calor reversible, de la una al otro, les iba uniendo cada vez más. Aun no se habían besado siquiera, pues acababan de conocerse realmente esa misma noche, porque en la noche anterior solo habían podido cruzarse miradas seductoras y sonrisitas amables. Tampoco el chico tuvo en esa ocasión el valor de pedirle bailar a la muchacha esa noche del sábado.

 

A medida que recorrían el paseo marítimo, la transferencia del calorcillo entre ambos iba subiendo en grados y en caudal.

 

Era un catorce de febrero el sábado que les reunió en la discoteca. Entre los dos ninguno tenía una relación previa. Como dos solitarios salieron a secundar la alegría de los enamorados en el día de San Valentín y el destino quiso que se cruzaran sus miradas.

 

Ya paseando en el paseo marítimo, a la sugerencia de la muchacha, eligieron un banco orientado al mar para sentarse, pues los dos se sentían algo mareados, pero la brisa marina les venía  bien para despejarse.

 

Mientras las gaviotas revoloteaban alborotadas sobre un banco de sardinas, los pajarillos cantando alegres posados sobre las ramas de los árboles y las palmeras que se mecían bajo el empuje de la brisa atlántica; el sol despuntaba, el sol cuyos rayos caían sobre Bata situándolo en el Ecuador, los ojos de los dos jóvenes batenses se empañaron de brillante humor, reflejo de su ansia interna por estar juntos.

 

 

No tienes ni remota idea de cuánto te quiero  LXXIV.

Tierno y protector a la vez, a pesar del temblor de sus manos, le cogió las mejillas. Ella, nerviosa, sus ojos instintivamente cerrados al tiempo que rodeaba el cuello del chico con sus manos.

 

Como el arranque de un electrodo al soldar, una andanada de terminaciones nerviosas afloró de sus tiernos y ardientes cuerpos disparando el primer fogonazo al primer roce de sus labios. El muchacho le agarró por la cintura;  sus brazos, con la fuerza de un luchador de sumo, como si fuera a romperla en dos, atrajeron a la joven hacia sí. Entonces, el chico la besó de verdad, hundió sus labios en su boca cuando una ola gigante golpeaba la costa salpicándoles. Ni se enteraron.

 

Los dos enamorados se quedaron abrazados tendidos sobre el banco, besándose frenéticamente a ratos hasta que Bata empezó anochecer de nuevo.

 

 

 

Bk

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21. Citas de madrugada

Publicado en 28 Enero 2015 por Bokung Ondo Akum en Narraciones romanticas

¿Sabes lo que me gusta de ti?

Siempre tienes algo que contarme:

una idea compartida,

una anécdota divertida,

una historieta entretenida,

un chiste gracioso,

un recuerdo entre nostalgias...

 

De ti tengo una necesidad adictiva,

con creces me la cubres;

de ti me interesa algo,

tanto que quiero poseerlo;

sin horarios ni calendarios

necesito hacerlo mío,

de ello apropiarme de lleno,

y para siempre quedármelo:

el enigma de tu fascinante mente de mujer.

 

¿Sabes lo que me gusta de ti?

De frente abrazados,

la clara de tus ojos,

en su fulgor alzada tu mirada

anhelantes labios por besarnos.

 

Tu frente mi barbilla,

entre mis brazos tus formas ,

carne de mujer candorosa;

te noto en puntillas y me sofocas.

 

Vida,

que le das vida a mi pobre  mente inquieta;

conversación de mujer cuajada,

tu juventud te delata,

tus tiernos besos  mi existencia desafían,

alineados con la armonía planetaria,

dimensión astral en la que solo existimos tú y yo.

 

 

Bk

 

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